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EL CONGRESO DEL PSOE

El Congreso del PSOE ha permitido solucionar el problema del liderazgo de este partido, con la elección ajustada, pero suficiente y perfectamente legítima, de Alfredo Pérez Rubalcaba como nuevo Secretario General. Pero habrá que esperar y ver si este partido ha emitido a la opinión pública un mensaje lo suficientemente claro y positivo como para poder iniciar el camino de la recuperación de apoyos entre la opinión pública, que tan quebrantado había quedado el 20 de noviembre; e incluso después, según parecían indicar varias Encuestas. La realización del Congreso ha arrojado luces y sombras, sobre todo en la medida que la atención pública se ha focalizado casi en exclusiva en torno a la pugna por el liderazgo y los movimientos y comportamientos, más o menos discutibles, que la han acompañado. Al final, no está claro si la opinión pública ha sabido identificar algún debate y contraste de ideas y proyectos de entidad, detrás de esta pugna, o más bien se ha fijado en demasía en un conflicto de poder entre grupos territoriales y sectores que formaban parte básicamente del anterior núcleo de poder del “zapaterismo”.

El impacto que han tenido discursos como el de Carme Chacón, en este sentido, no sólo es posible que perjudicara a esta candidata de puertas adentro del Congreso, por su carácter gritón y un tanto demagógico a veces, sino que tampoco ayudó a transmitir una imagen positiva al exterior del PSOE como partido capaz de realizar debates sustantivos y planteados con la altura y el rigor necesarios.
La impresión que muchos tenemos en estos momentos es que en el interior del PSOE los altos cuadros no acaban de entender en todo su alcance que una parte del electorado que ha abandonado a este partido en las urnas tiene la percepción de que el PSOE está demasiado cerrado sobre sí mismo, y demasiado enfrascado en querellas internas, sin prestar la atención necesaria a los proyectos que debe presentar a la opinión pública. En unos momentos, además, en los que los ciudadanos están sumamente preocupados por la situación económica y política y se encuentran especialmente expectantes de alguien que les hable de soluciones y alternativas.
Por ello, hay que entender que, si desde el PSOE no se es capaz de transmitir imágenes fuertes que cubran esta necesidad, es porque algo no se está haciendo bien. O al menos no suficientemente bien. Y eso no ha ocurrido así en otros períodos de la historia del partido. Por ejemplo, en el célebre debate sobre el marxismo, que se sustanció en el Congreso Extraordinario de 1979, tras un período de interinidad, la solución del problema del liderazgo vino acompañada de una imagen potente de renovación y rigor que permitió ganar apoyos de inmediato entre amplios sectores de la opinión pública, y que condujo al importante triunfo electoral de 1982.
Sin duda, el Congreso actual ha tenido que implicar aspectos positivos para la opinión pública, que habrá que esperar a ver si son recogidos en las próximas Encuestas. Pero, de momento, no hay que despreciar algunas de las críticas que se han suscitado desde el primer momento, sobre todo en el sentido del carácter excesivamente continuista de la nueva dirección salida de este Congreso, nueve de cuyos miembros han tenido papeles centrales en la anterior dirección de Rodríguez Zapatero. Posiblemente, esto va a entrañar una cierta dificultad para trasmitir la impresión de que se va a emprender una nueva etapa, alejada de los errores y problemas anteriores que condujeron a una pérdida muy notable de apoyos entre los votantes. Tampoco está claro que el ciudadano medio haya entendido la forma en la que se van a poder ajustar los déficits de funcionalidad democrática interna que afectan en estos momentos a partidos como el PSOE. El riesgo que se corre, en este sentido, es que los modelos anteriores de funcionalidad democrática interna, que se revelaron como bastante eficaces durante mucho tiempo, queden cuestionados, sin que estén suficientemente acreditados y clarificados los nuevos procedimientos y enfoques.
Especial importancia tiene también en el terreno de las eventuales carencias –o de los problemas de transmisión de imagen– la cuestión crucial de las “soluciones” y de las grandes “propuestas” del PSOE para salir de una situación económica y social a la que muchos votantes piensan que se ha llegado también, en buena parte, de la mano del propio PSOE, con el gobierno de Rodríguez Zapatero. Para rectificar esta imagen negativa es evidente que se necesitan iniciativas de gran alcance y capacidad de impacto. Y posiblemente en el último Congreso no se ha avanzado lo suficiente en esta dirección. Por lo que es necesario plantear de inmediato una vía creíble de rectificación.
En estos momentos, en cualquier caso, es inútil continuar quejándose de estas cuestiones. Las cosas son como son y nadie podrá cuestionar la legitimidad procedimental de las decisiones adoptadas. Por ello, lo que ahora procede, por parte de todos, es ayudar a un trabajo que va a requerir un esfuerzo inmenso y grandes dosis de espíritu positivo e integrador, en unos momentos delicados en los que se hace especialmente necesario el papel de un partido como el PSOE. Lo que ahora se necesita es ponerse a trabajar con inteligencia, rigor y altura de miras, sin poner tanto empeño en mirar sólo hacia dentro y mirar tanto hacia atrás. Son muchos los españoles que en estos momentos esperan que el PSOE sea capaz de mirar al futuro de manera positiva y constructiva. Y con alternativas serias.

José Félix Tezanos